En este texto presento las tesis generales de lo que considero es mi filosofía. Algunos puntos no están resueltos y están sujetos, por supuesto, a revisión, otros están bien establecidos en mi forma de ver el mundo y, a menos que algo extraordinario ocurra, es difícil que los cambie. No hay que buscar en mi pensamiento gran originalidad. Más bien puede considerarse una síntesis de diversas visiones que otros filósofos han tenido también a lo largo de la historia.
Divido mi filosofía en dos partes: una crítica y una propositiva. La crítica les parecerá a algunos lectores demasiado obvia. Sin embargo, en Latinoamérica (que es el mundo al que pertenezco) algunas cuestiones como la existencia de Dios, el dualismo alma y cuerpo y la inmortalidad del alma fundamentales. A pesar de que muchos filósofos han dado buenos argumentos para rechazar estas ideas, lo cierto es que ellas persisten fuertemente en la comunidad latinoamericana. Sólo abandonando esas ideas puede tenerse una visión más ajustada y sólo así se prepara la construcción de una forma de vivir y de pensar distinta que no se base en el miedo a la muerte, al castigo divino y la invocación de entes sobrenaturales.
La segunda, parte, la propositiva, consiste justamente en la visión que he construido a partir de reflexiones personales y lecturas fragmentadas de muchos otros pensadores de todas las latitudes y épocas. Los que tienen experiencia en estas cuestiones reconocerán a pensadores tan dispares como Bertrand Russell, Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre o Nicolás Maquiavelo. En otras cuestiones más específicas podrán encontrar influencia de filósofos anglosajones pertenecientes a la filosofía analítica, del lenguaje y de la ciencia: Willard Quine, Donald Davidson, Saul Kripke, Daniel Dennett, David Chalmers, Thomas Kuhn y Larry Laudan entre otros. También han jugado un papel importante mis lecturas de teorías sociológicas como las de Talcott Parsons y Herbert Mead o de economía como las de John Maynard Keynes, Paul Samuelson y Joseph Stiglitz. He procurado un acercamiento a las cuestiones de racismo, género y exclusión con mucho de su arsenal conceptual y he tomado una postura que me acerca mucho a lo que algunos llaman en política la línea progresista. Casi todas mis reflexiones sobre cuestiones sociales, políticas, económicas están influidas por autores notables en estas áreas. Finalmente, he de reconocer el importante papel que tiene la ciencia en mi visión del mundo. La ciencia es, en mi opinión, la mejor alternativa que tenemos a la hora de establecer cómo funciona el mundo y qué estructura tiene. Por ello encontrarán que una buena parte de mi cosmología especulativa se basa en teorías de la física, lo mismo que mi acercamiento al problema mente-cuerpo está basada e influida por ella. También guiándome por las teorías científicas y el examen crítico de ellas y de otros argumentos es que he llegado al rechazo de la existencia de dios, la inmortalidad del alma y su separabilidad del cuerpo.
Parte crítica:
Critico creencias que están muy arraigadas en la gente de mi país: la creencia en dios y en la inmortalidad del alma, especialmente. Abrazo un racionalismo crítico y un cientificismo. Por lo tanto, creo en el big bang, en la expansión del universo, en que la materia está estructurada en niveles de complejidad: átomos, moléculas, organismos, sociedades, etc. Es decir, en términos generales acepto la ontología científica y rechazo cualquier otra ontología que no pase los filtros de la ciencia.
Parte propositiva:
Instalado en esta postura, veo al ser humano como producto de la evolución, que tendrá un final como especie ya sea por su extinción o por su evolución en otras especies. También me hago consciente de mi muerte y de la de todos los demás. Todos moriremos. Esto me lleva a una postura existencialista, en la que frente a la consciencia de la muerte cada uno puede adoptar una actitud de frenesí y búsqueda de intensidad, una actitud de tranquilidad y serenidad viviendo modestamente sin grandes placeres ni dolores, o una actitud de desesperación y pesimismo en la que no se le ve sentido a la existencia. Yo adopto la segunda actitud.
Similar postura tengo frente a los sistemas políticos. Describo distintos sistemas políticos, así como el ejercicio de la política real. Recomiendo hacer ajustes internos en los sistemas para que logren un balance y para que las personas de la base social tengan mejores condiciones materiales. Dentro del marco relativista tomo postura, exponiendo mi ética actual y mi opinión sobre los sistemas políticos impertantes, tomando partido entre los existentes y conjeturando acerca de éticas y estructuras sociales posibles en el futuro.
En epistemología, en cambio, no soy un relativista en el plano material. Considero que sólo hay una descripción correcta del mundo y que a esa descripción nos vamos acercando por aproximaciones. Al final, si se tiene el suficiente tiempo y la tecnología, se logra comprender la estructura material del universo. Esto incluye también la comprensión de fenómenos emergentes como la mente o las estructuras sociales. Si puede explicarse cómo de cierta complejidad emergen o surgen ciertas propiedades, con esto se habrán explicado las propiedades emergentes. En cambio, en ciencias sociales y en interpretación de la psicología humana, soy un relativista moderado. Considero que el conocimiento de ambos fenómenos se enriquece adoptando diversas perspectivas y no se agota en una única manera de ver las cosas.
Esta es mi visión actual de las cosas. Ahora bien, hay puntos que actualmente debato conmigo mismo sobre su adecuación. El determinismo es uno de esos puntos, pues no todo está dentro de la lógica causal y, visto desde otra óptica, podría verse el mundo humano como no absolutamente determinado. También por esta razón actualmente debato en que medida es posible decir que se tiene un conocimiento del destino o del futuro, pues podemos tener un conocimiento probabilístico de él, más débil que el absoluto, pero no por ello menos conocimiento. Otro punto de debate tiene que ver con el relativismo: ¿hay relativismo también en el plano material y si sí, qué implicaciones tiene? ¿podemos tener un conocimiento de tipo absoluto del ser humano y la sociedad? ¿En el fondo las distintas perspectivas se complementan o terminan siendo las mismas cambiando solo el vocabulario? Este relativismo, por supuesto, pone en cuestión mi realismo fuerte, por lo que este punto es también sujeto de revisión en estos momentos. Ahora bien, suponiendo que llegue a la revisión de estos puntos, mi filosofía debería rediseñarse del siguiente modo:
Las acciones humanas y no humanas NO están absolutamente determinadas, su resultado es incierto, aunque pueden lanzarse conjeturas sobre el futuro basándose en conocimientos previos. Así, pues, tenemos un conocimiento probabilístico de lo que nos ocurrirá en el futuro y, en general, un conocimiento probabilístico de lo que ocurrirá. ¿Somos libres? En cierto sentido lo somos. Lo somos porque tenemos cierto grado de decisión y control sobre nuestras circunstancias. Lo somos también porque somos capaces de configurar diversos cursos de acción y llevarlos a cabo. Por otro lado, nuestra libertad está condicionada por eventos del pasado, por condicionantes del mundo material y social. Somos libres, mas no absolutamente libres. Podemos predecir con cierto éxito nuestro futuro, mas no de forma absoluta y determinante.
Ahora bien, si el relativismo también se encuentra en el mundo material, entonces habrá más de una aproximación exitosa a la forma en que el mundo funciona. Con todo, no puede haber diferencias muy fuertes entre esas aproximaciones, por lo que en cierto sentido no serán relativas. En ese caso, no podríamos decir si hay un mundo externo con ciertas propiedades o no. Todo lo que podemos decir es que nuestra teoría funciona y que la ontología que propone más que proponer una realidad, es una construcción útil para el manejo de nuestro mundo.
¿Y si giramos hacia el absolutismo incluso en ciencias sociales? Esto tiene implicaciones fuertes si las tesis fueran radicales, más la experiencia nos enseña que las tesis radicales no tienen mucho futuro cuando se las examina cuidadosamente. Así, pues, ¿qué significa tener un conocimiento absoluto de un sistema social? Sería uno en el que fuéramos capaces de predecir todos sus cambios y transformaciones. Eso implica predecir qué serán capaces de conocer, qué tecnologías podrán crear y cuándo podrán hacerlo. Supongamos que esto es posible. Hasta ahí suena como algo viable. Sin embargo, ¿¿qué pasa si un individuo de ese sistema llega a conocer su propio sistema a ese grado o nivel? ¿No sería él capaz de interferir en el futuro de esa sociedad? ¿Y si es capaz de hacerlo, no es su conocimiento del futuro de esa sociedad algo probabilístico también? ¿¿No estaría en su conocimiento de esa sociedad sus propias acciones dentro de ella? Se presentaría una especie de paradoja en la que el individuo conoce de antemano lo que va a hacer y el resultado y, una de dos, o no puede evitar sus acciones o, si las puede evitar, lo que conoce no es algo inevitable sino una serie de consecuencias que se derivan de sus acciones.
Sea cual sea el estado de la cuestión, nuestro conocimiento del mundo, nuestra teoría sobre él que es una entre muchas semejantes, nos muestra la realidad de los ciclos. Si esto es así, esta realidad deberá aparecer en las otras teorías del mundo debido a la semejanza en nuestros patrones experienciales y cognoscitivos. Muchas cosas generales de mi filosofía no cambiarían. Más bien serían asuntos de tipo más específico. Lo que no cambiaría es que el alma es inmortal, que no existe dios, que el alma emerge del cerebro, que el ser humano tiene un final, que el universo está lleno de ciclos que se repiten incesantemente, ciclos que podemos captar con nuestras teorías del mundo. Será falso, entonces, que conocemos lo que otros conocieron y lo que otros conocerán. Más no será falso que tendremos teorías, que las construiremos al igual que otros con diverso grado de éxito y profundidad. Un relativismo moderado y un indeterminismo moderado serían las nuevas inclusiones si llegamos a modificar nuestras tesis principales.